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domingo, 27 de septiembre de 2015

La funcionalidad. Un nuevo problema para Antonio.

Antonio inicia, con problemas, el servicio de alimentación de un nuevo centro hospitalario. Un nuevo concurso ganado por la empresa de restauración colectiva para la cual trabaja. Un nuevo éxito. La empresa ha realizado determinados estudios para poder ofrecer un precio ajustado. El concurso se ha ganado, principalmente, por este precio, el más bajo pero con poca diferencia, por lo que no ha sido catalogado como baja temeraria. Ahora, una de sus principales misiones es la de ofrecer el mejor servicio posible, optimizando los recursos humanos y materiales y así defender convenientemente la cuenta de explotación. Productividad es una palabra clave.  Es notoria la mayor dimensión de la plantilla actual subrogada, en comparación con la de otros centros, con la misma ocupación. Sin embargo, no todos los centros son idénticos. Para empezar, el hospital consta de apenas 200 camas,pero en habitaciones individuales (con sensibles diferencias en el caso de habitaciones compartidas). Las distancias a recorrer son enormes por el propio diseño del edificio. Los carros de transporte deben sortear determinadas rampas, imposibles de abarcar por los medios convencionales. No es todo. Las cafeterías de personal y de público están en diferentes plantas del edificio, por lo que el trasvase de personal y de producto se complica en exceso, dificulta la operatividad del servicio, reduce posibles economías de escala y destroza sinergias buscadas. Antonio tendrá por delante un gran trabajo de creatividad, ya que la empresa le está demandando una productividad similar a la de otros centros pero que difícilmente podrá darse, debido sobre todo a la funcionalidad del centro y a los mencionados factores que, por lo que parece, la oferta no ha contemplado. Sin embargo, Antonio, de quien más se acuerda es del arquitecto.
 
¿Qué le recomiendas a Antonio? 

Otras historias:
La inversion desagradecida
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domingo, 26 de enero de 2014

El extraño caso de la CIUDAD SIN HAMBRE

Una revista, con un niño de desproporcionada barriga protagonizando la portada, ocupa las manos de la alcaldesa Ana, pero no su visión, secuestrada por el paisaje que se proyecta a través de la ventana. Al fondo, una gran chimenea que corona la enorme cocina pública se asoma entre unas palmeras que mueven sus ramas acompañando al ligero viento del rojizo atardecer, resistiendo, por el momento, a la incipiente lluvia. La alcaldesa sonríe. Tiene ante si su sueño. Ha sido capaz de alcanzar el hito de proporcionar a bajo coste la comida a toda la población de la ciudad y de forma gratuita a quien no supera el salario mínimo interprofesional.
 
Años atrás, una imagen la marcó emocionalmente, cuando tan sólo era aspirante a una defenestrada política en la oposición, sin recursos y simultaneando su vocación con un trabajo en el sector de la restauracion colectiva. Una noche, momentos después de depositar la basura en uno de los contenedores cercanos a su casa, un grupo de personas se abalanzó sobre los despojos que acababa de abandonar, en una lucha encarnizada. Segundos más tarde, ya en el ascensor, un tremendo pánico se apoderó de ella al advertir su sentimiento de total indiferencia. ¿En qué clase de persona se había convertido aquella estudiante comprometida con la sociedad? 
 
Años después del suceso, las noticias de un periódico local publicaban su nombramiento como alcaldesa de la ciudad. En un lateral, prácticamente desapercibido, en pequeñas letras, aparecía el inicio de un artículo que versaba acerca de la conveniencia sobre si la gestión del servicio de alimentación suministrada en un hospital debía ser pública o privada. Diez euros por día y persona era el precio de una pensión o dicho de otro modo, de cuatro ingestas: desayuno, almuerzo (con dos platos, agua, pan y postre), merienda y cena (con dos platos, agua, pan y postre), para un volumen de cuatrocientos comensales aproximadamente. Si esto era posible, ¿Por qué no trasladar el servicio a toda la población? Evidentemente, las economias de escala del proyecto podrían hacer maravillas y bajar ostensiblemente el coste. ¡Qué maravilloso regalo le había dado su experiencia en el sector!
 
Varias empresas especializadas en el sector de la restauracion colectiva participaron invitadas en el asesoramiento técnico del proyecto. Se elaboró y adjudicó el concurso público, con el compromiso de inversión en la ciudad de una gran cocina central, capaz de elaborar decenas de miles de platos diarios, lo que supuso la creación de centenas de puestos de trabajo directos y otros tantos indirectos. La recaudación fiscal se incrementó notablemente a partir de entonces. El ahorro en energía y agua que se produjo en cada hogar, debido a la práctica erradicación del cocinado y friegue, permitió que los ciudadanos se vieran económicamente más desenvueltos en sus finanzas personales. El ahorro en la recogida de basuras donde ya no había, prácticamente, ni restos orgánicos ni envases, permitía destinar más recursos al proyecto. Además, el ahorro en el tiempo dedicado a la compra, cocinado, friegue, etc. se dedicaba al feliz ocio ciudadano: deporte, tiempo en familia, cultura,...
 
Los tristes bares, lastrados como consecuencia de la crisis, y terriblemente enfadados por la desleal competencia que advertían en el proyecto, cambiaron su actitud cuando se les ofreció la posibilidad de convertirse en bares colectivos, a pie de calle. El precio no era muy atractivo a primera vista, pero el bajo coste de la mano de obra adicional y de la variada comida preparada en la cocina central y lista para ser retermalizada, unido al incremento del  volumen que adquiría el negocio, englobando a centenas de vecinos, les proporcionaría mayores beneficios que los actuales. Tan  sólo tenían que presentar su oferta técnica y económica en el concurso público, ofreciendo un canon  y la inversión adecuada para habilitar sus cocinas e  instalar el hardware y software necesario para la gestión individualizada de los comensales. El negocio era redondo para ambas partes.
 
Así pues, los ciudadanos pueden desayunar, comer y cenar en los bares del barrio, como cualquier comensal, a un precio muy competitivo, por debajo de lo que les cuesta hacerlo en casa. Los niños tienen su almuerzo y merienda preparados cada mañana y cada tarde, respectivamente. Evidentemente, aquellos que desean platos especiales, con un coste superior, deben abonar la diferencia. Las ingestas, ahora, nutricionalmente equilibradas han comenzado a  bajar los graves problemas de malnutrición y de obesidad en la población. No era tan difícil, tan sólo había que individualizar cada tarjeta y conectar el programa con las recomendaciones nutricionales adaptadas al individuo, según su edad, sexo y recomendaciones nutricionales realizadas por el médico de cabecera. El sistema informático posibilita varias alternativas en función de las anteriores ingestas, pudiendo introducir niveles de actividad diaria para adaptar mejor la dieta.
 
Las relaciones entre los vecinos en los bares han vuelto a ser fuertes y alegres, dejando atrás el escenario del, tan sólo, cordial y precipitado saludo en el ascensor.
 
¿Conoces el nombre de esta ciudad? ¿Nos vemos en el bar colectivo?

sábado, 9 de marzo de 2013

Cambio de dimensión.

Antonio gestiona las cocinas y cafeterías de la red de hospitales de una Comunidad Autónoma, adjudicadas a la empresa de restauración colectiva para la cual trabaja. El número de centros varia a lo largo de los años en función del número de concursos públicos adjudicados y de las negociaciones llevadas a cabo con entes privados.

En un concurso público, una mejor oferta de su empresa, con respecto a la competencia, resultará en una adjudicación más, lo que significará conservar al cliente o incorporar uno nuevo. Como en todo concurso público, se trata de realizar una buena oferta técnica y una ajustada oferta económica. Esta última es la que más peso posee, últimamente, dada la situación economica general que impera tanto en la administración como en la sanidad privada. Si el precio está muy ajustado, hay riesgo de equivocarse y conseguir un centro con rendimientos negativos. Por contra, si la oferta se presenta con un mejor margen de beneficio probablemente no se conseguírá el contrato, ya que alguna otra empresa del sector pujará siempre por debajo. Es una alta responsabilidad.

Así, con este procedimiento, transcurren los años y Antonio amplia su cartera de negocio en unos y la disminuye, irremediablemente, en otros, pero dentro de un equilibrio "natural", tanto en número de clientes como en rentabilidad. Se siente satisfecho, amparado por los resultados de su gestión y los de su empresa, una empresa grande, líder en el mercado, que espera atentamente la convocatoria de nuevos concursos públicos.


Un día más, mientras desayuna saludando al ocaso de la menguante luna, revisa la organizada agenda en su ipad. Comprueba minuciosamente las tareas y compromisos del día. Pronto, se desplaza hasta el centro que será, hoy, dueño de su programada supervisión. Como cada mañana, y metido en la revisión del producto y del servicio de desayuno, saluda con leves gestos a los diferentes profesionales médicos y también a los del sector de servicios generales del hospital, con los que brevemente se encuentra. Guardas de seguridad, personal de limpieza, de mantenimiento, de lencería, electromedicina, ambulancias, etc. forman, con sus distintas uniformidades, una serpiente multicolor que se pasea por la cafetería, engullendo el espacio libre en unos determinados intervalos, y soltandolo caprichosamente en otros. Cada día es diferente, pero encaja dentro de un esquema de trabajo normalizado, que siempre le lleva, de nuevo y al final de la mañana, a ocupar un espacio en la oficina. Nada más sentarse, una llamada le comunica una impactante noticia que hace tambalearse los cimientos de su calma. La Consejería de Sanidad de la Comunidad Autónoma para la cual trabaja su empresa ha decidido agrupar los hospitales en lotes y, además, unir todos los contratos de servicios generales en un único concurso público, con el fin de crear sinergias y economías de escala que le permitan abaratar el coste de los mismos. La empresa para la cual trabaja se verá obligada, irremediablemente, a formar una UTE con otras empresas que ofrecen servicios diferentes a la restauración, pero englobados "en un todo", dentro del nuevo contrato público. Su empresa, lider en el mercado, ocupará ahora dentro de la nueva organización, tan sólo una parte de la nueva empresa, una empresa de servicios generales. Ya no será la empresa lider en el mercado, porque el mercado ha cobrado, desde hoy, una nueva dimensión. Es la hora del mercado de Facility Management&Services, y la restauración tan sólo una pequeña parte dentro del mismo. Cambiarán muchas cosas que afectarán el mundo empresarial al que pertenece Antonio, como la organización en las empresas; las relaciones con los clientes, proveedores y acreedores; la tecnología inherente al negocio, etc.

Antonio recuerda cómo, hace unos años, le expuso a un importante presidente de una de las empresas del sector "la capacidad de despliegue" como factor determinante  y sabe, desde este mismo momento, que es hora de cambiar de dimensión o tomar definitivamente la dimensión cero, que es lo que le pasó a la empresa Kodak. El actual mundo empresarial evoluciona continua y rápidamente. Si te paras a pensar se te escapa el tren del mercado, hay que pensar en movimiento, si es que no eres capaz de anticiparte.

¿Qué le aconsejas a Antonio en su nueva situación? ¿Cómo afrontar la gestión del cambio?
¿En qué sectores crees que pasará esto, a corto plazo?